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- ISSN 2039-800X
Trimestrale online di cultura cinematografica
Diretto e fondato da Luigi Abiusi
anno VII | UZAK 27 | estate 2017

"La vida y nada mas"

Víctor Erice

kiarostamiEn 1994, una propuesta de la revista «Cahiers du Cinéma» - escribir sobre una película de libre elección, para un libro que pretendía conmemorar el centenario del cine - llevó a Jean-Luc Nancy, por vez primera, a la consideración de la obra de Abbas Kiarostami. El libro nunca llegó a publicarse, pero el texto dedicado a Y la vida continúa… (Zendegui va digar hich, 1992) – la única película de Kiarostami que el filósofo francés había entonces visto- fue dado a conocer en la revista «Cinémathèque».

Seis años después, atendiendo a una nueva solicitud editorial, y casi coincidiendo con una conversación sostenida con Kiarostami en París, Nancy encontró el impulso necesario para la redacción definitiva del texto que el lector tiene ahora en sus manos. En ese intervalo de tiempo, la producción cinematográfica de Kiarostami había crecido, incorporando tres nuevos títulos – A través de los olivos (1994), El sabor de las cerezas (1997) y El viento nos llevará (1999)- que Nancy tuvo ocasión de ver, y en los cuales basa algunos aspectos de un análisis que, en lo esencial, aparece fundado en su visión primera de Y la vida continua….

Más allá de su carácter particular, el ensayo de Nancy hay que situarlo dentro de la consideración –artística, filosófica y política- que el trabajo de Kiarostami ha suscitado en el mundo occidental, justo en un momento donde, clausuradas las grandes utopías, la imagen vivía una crisis que discurría en paralelo con la crisis de la energía. Irrumpiendo en la encrucijada de una cultura cinematográfica con una experiencia de más de cien años, no es extraño que el cine de Kiarostami haya sido recibido como una ráfaga de aire fresco que venía a purificar el ambiente enrarecido de la posmodernidad.

En su significación este efecto inicial iba mucho más allá del que suele ser propio de las cinematografías periféricas aliviadas del peso de la historia, con su nota inevitable de exotismo. La primera retrospectiva europea dedicada a la obra de Kiarostami, organizada por el Festival de Locarno en agosto de 1995, constituyó la prueba definitiva. Se pudo entonces comprobar que, desbordando ampliamente su marco local, explorando las hipótesis y combinaciones posibles del relato en imágenes, las películas de Kiarostami suponían una interrogante esencial sobre el cine en las postrimerías del siglo XX. Es más, despojada de los afeites típicos de las grandes ficciones, la imagen parecía reencontrar en ellas su función primordial de “ventana abierta al mundo”, liberada del empeño de ser convertida en símbolo o representación.

Los primeros filmes de Kiarostami, proyectados en Europa, habían permitido hablar de un arte del presente, que venía a establecer una nueva relación entre el documental y la ficción; en definitiva, de una nueva epifanía de lo real. Sin embargo, el conocimiento posterior de toda su labor artística, su dimensión multidisciplinar -cine, fotografía, videoarte, poesía…-, demostraba –como ha señalado Alain Bergala- que nuestro autor era capaz también de pensar el mundo como una construcción abstracta, en la que se podía percibir las huellas de la rica tradición cultural de su país.

La mayor aportación del texto de Jean-Luc Nancy –escrito, en su versión definitiva, L’ évidence du film, en el año 2000, coincidiendo con la publicación de L’intrus y Le regard du portrait - radica en su desvelamiento de una de las claves del estilo de Kiarostami: su capacidad para poner en juego el papel de la mirada y el uso que hacemos de la misma. Un papel que, subraya Nancy, para nada entraña una nueva problemática de la representación, sino que se refiere, más bien, a su trasfondo ontológico. Ni mirada sobre la representación ni mirada representativa, sino algo más sencillo: movilización de la mirada. O lo que es igual: abrir los ojos.

Nancy aprovecha aquí la ocasión para exponer su idea del cine, un gesto inevitable en alguien que, como él, ha dado muestras de su interés por el llamado séptimo arte, al que incluso ha estado ligado en la práctica circunstancialmente1. En su reflexión teórica aparece no como un arte de la visión sino de la mirada - aquello que fue en sus orígenes perdidos -, pero, sobre todo, como objeto indudable de la filosofía. Se comprende, entonces, su especial interés por aquellos rasgos de la obra de Kiarostami que he apuntando al comienzo, aquellos que le sirven para establecer una conexión entre filosofía y cine, en cuyo estado actual advierte más de un rasgo común. De ahí que, a la sombra del pensamiento deconstruccionista,  ambos aparezcan situados en un mismo plano de cara a la crisis de la Modernidad y sus secuelas: el fin de la metafísica, de los grandes relatos, de las ideologías, del humanismo.

«Hasta hace poco – escribe Nancy en Le sens du Monde - todavía se podía hablar de crisis del sentido: una crisis se analiza, se supera. Hoy estamos más lejos: todo el sentido se encuentra en estado de abandono. Esa circunstancia nos hace desfallecer, y, sin embargo, sentimos que vivimos de esto mismo, de estar expuestos al abandono del sentido.» Nancy describe un presente donde las cosas ya no tienden hacia ningún destino preciso, o si acaso hacia un lugar imprevisible donde sentido y verdad no forman un par homogéneo sino contradictorio.

En una tentativa de reconstrucción, para desmarcarse de la postura estetizante del nihilismo posmoderno, Nancy propone empezar otra vez de cero; es decir, inventar una nueva ontología, hacer de la devastación del sentido del mundo una condición de posibilidad. No se trata de fundar un sentido nuevo, sino de llevar esa posibilidad hasta el final, dejándola en suspenso, abierta, receptiva, vigilante. Si el sentido no es sólo lo que se perdió, sino ante todo lo que está por ver, lo que está por venir, su demora, la filosofía y el cine no pueden ser hoy otra cosa que una escritura dispuesta a registrar el acontecimiento, lo imprevisto.

Nancy valora las películas de Kiarostami desde esta perspectiva, destacando aquello que tiene de ejemplar único, indicio de una vía para la reconstrucción del sentido, que suscita una revisión del viejo tema de la ontología de la imagen cinematográfica. Revisión de la que no está excluida la realidad social y política, su presencia en la vida cotidiana, alrededor de la cual se teje una triple relación: entre el hombre y la mujer, entre la muerte y la vida, entre el Irán antiguo y el moderno.

En 1992, Kiarostami declaraba: «Hoy en día, un cineasta debe necesariamente interrogarse sobre las imágenes y no limitarse a producirlas.» Es justamente en este trance donde surgen algunas de las cuestiones que Nancy considera esenciales: ¿Un cierto robo es la condición del don de la mirada? ¿Es preciso robar lo real para realizarlo? ¿Un fotógrafo debe de ser un ladrón?

Sustraída a la voluntad del sujeto, la foto robada es también la foto más acorde con ese sujeto, con su ser verdadero, porque le libera de su condición de dueño. Y esta apreciación vale para el uso que, como director, Kiarostami hace de los actores no profesionales, al someterles a una ficción -por leve que sea- capaz de extraer de sus presencias una verdad que se produce en el tiempo de un destello (la fotografía, ha escrito Nancy, es un arte del destello). Y aunque la condición de fotógrafo de Kiarostami sea notable, aquí se trata, sobre todo, del cine; es decir, de la imagen en movimiento.

El coche -descrito por Nancy como “boîte à regard”- que circula de un lado a otro en muchas de las películas de Kiarostami es portador de una verdad cinemática que segrega la forma de un arte de la mirada, sensible al movimiento de las cosas más que a su representación, en el que a priori no cuenta la idea de traslación o desplazamiento. ¿Hacia dónde nos lleva? No podemos saberlo. Tampoco lo sabe, al iniciar su deriva, el propio director: esa es la condición sine quanon para que lo real, ligado a lo imprevisto, pueda acceder a la imagen.

Es necesario que la historia de un modo u otro –incluso merced a un terremoto- se detenga, para que todo sentido quede en suspenso y poder así ver el mundo. Semejante suspensión es del mismo signo que la propia de la experiencia poética. Hora es ya de decirlo: la mirada de Abbas Kiarostami es, por encima de cualquier otra consideración, la del poeta. Oigamos su voz:2 

Sobre la vía muerta,
unos escolares
ponen la oreja.

Sobre la vía muerta del sentido –ese abandono del que habla Nancy- unos niños se inclinan para escuchar un secreto. ¿Cuál? El de la vida: la vida y nada más.3


Notas

1. L’intrus ha inspirado dos películas francesas en un mismo año, el 2004.  La que lleva ese mismo título, realizada por Claire Denis, y La blessure, de Nicholas Klotz. En el 2001, Nancy apareció, como figura central, en las imágenes de Vers Nancy, cortometraje de Claire Denis para la película colectiva Ten minutes older: the cello. La relación entre el filósofo y la cineasta ha sido frecuente, sobre todo a raíz de su comentario acerca de Beau travail, una de las mejores películas de Denis.

2. Con el viento. Poemas de Abbas Kiarostami. Según la traducción – inédita - de Isabel Escudero,  de una selección  de versos incluida en el poemario Ceniza de rosas de publicación en la Editorial Pre-textos (2008).

3. La vida y nada más es la traducción más ajustada al título original en farsi, Zendegi va digar hich, de la película de Kiarostami que está en el origen del texto de Nancy.

(Traduzione in italiano)


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